08 July 2008

Taller sobre la familia Tudor










La semana pasada también fuimos a un taller sobre la época de los Tudor.

En la primera sala nos hablaron y mostraron cómo usar diferentes tipos de espadas incluyendo la de la foto, sobre los bailes y ropas de las diferentes clases sociales, así como las costumbres de la clase alta.

En la segunda sala un capitán de la armada nos contó sobre la vida en el mar, lo bien que se pagaba y lo mal que se la pasaban. Y cómo la reina era dueña de la armada, pero por cuestiones financieras la alquila al mejor postor.

En la tercera sala nos habló un cirujano sobre el cómo y por qué desangraban a la gente, y que usaban el azúcar como medicina y que cuando habrían un hueco en el cráneo de las personas para hacer un tratamiento tapaban el hueco con una moneda antes de poner la piel de vuelta a su sitio.

La foto de Gabriel es con el cirujano.

En la última sala nos habló un sirviente, de cómo era su vida, todos los trabajos que hacían los diferentes materiales que su usaban para hacer cubiertos -metal, para los ricos; cuernos de venado, y para los más pobres, huesos de animal-.

En la última foto están los niños con dos amiguitos en la parte de afuera del edificio que, en gran parte, está en ruinas.












De este paseo aprendimos mucho y ahora los niños tienen más interés en el tema. Sin embargo, lo más anecdótico para mí fue el trayecto de ida.

Como el sitio era lejos, los papás decidimos ir en caravana. Y como estábamos sin carro, dos amigos se ofrecieron a llevarnos a los tres en sus carros.

A menos de la mitad de camino, que iba a ser de 45 minutos, la hija de mi amiga le pidió desesperadamente que se parara para poder hacer papí. Como toda madre "normal" mi amiga le dijo que no, que ya faltaba poco y que no podía pararse porque si perdía la pista de la que iba adelante no íbamos a poder llegar a nuestro destino. La niña se quejó, pero se cayó un rato. A los minutos volvió con lo mismo, y la mamá le dio la misma respuesta.

Después de unos minutos más, la niña volvió a pedir llorando que nos paráramos asegurando que ya no podía más y que se iba a hacer encima. La solución de mi amiga fue pasarle el tupperware donde habían venido los sandwiches que los niños comieron en el carro. La niña se quejó, pero la mamá le dijo que era eso o nada; la niña no tuvo más remedio que aceptar, le pasé el tupper y ella procedió a hacer lo que tenía que hacer.

Sacarlo de allí abajo sin derramar nada fue otra odisea. Recuerden que además aquí hay que llevar el cinturón de seguridad puesto todo el tiempo y los niños deben ir en sillas para el carro, lo cual no facilitaba las cosas en este caso.

La mamá le dijo que se lo pasara a su hermano, que es mayor, pero a mí me pareció mala idea y lo cogí yo. La idea era abrir la puerta y tirarlo a la calle en cuanto hubiera un semáforo largo o alguna otra parada similar, pero esta oportunidad no parecía llegar nunca. Así que me pasé unos 15 minutos tratando de encompasar el movimiento del tupper con las frenadas y movimientos del carro para que el líquido no se derramara. En dos oportunidades, casi me lo hecho encima, al final llegó el deseado semáforo y lo pude echar a la calle.

Los 10 minutos finales de viaje nos parecieron a todos muy aburridos.

0 comments: