23 January 2009

Cuando Gabo tenía 4 años

Rafa hizo una recopilación de varias anécdotas de Gabriel cuando tenía 4 añitos, aquí las copio. (A ver si me acuerdo de escribir las ocurrencias de Daniel, pues siempre me olvido.)


¿Qué te dijo?

Cuando la tía Ale se mudó a su apartamento nuevo en Gavá, por algún tiempo la empresa constructora contrató a un “todero” para que arreglara los detalles que podrían tener los pisos nuevos.

Este “todero” debería estar viniendo diariamente al edificio y atender las solicitudes de los residentes. Pero la realidad es que el tipo venía a cualquier hora y se desaparecía sin avisar por lo que teníamos que estarlo “cazando” para poder hablar con él y reportarle las fallas.

El día en que por fin pude hablar con él en relación a algunos detalles que tenía el acabado del piso del apartamento, el tipo me dio más excusas que soluciones y en el más puro estilo español de servicio al cliente, me dijo que pasaría por el apartamento “cuando pudiera”.

Un tanto frustrado por el asunto (aún tenía muy poco tiempo en España como para saber que al fin y al cabo, España NO es un país desarrollado) regresé a la casa y le comenté a Andrea el asunto, refiriéndome al tipo como “el carajo ese”.

Recuerdo que le estaba contando en la cocina – con asombro – el incidente a Andrea mientras Gabriel desayunaba, y en un momento dado le dije “Y ¿sabes lo que me dijo el carajo?”.

A los 5 minutos Gabriel me preguntó:

- Papi, ¿qué te dijo el “calajo”?

Dándome cuenta que sin querer le estaba enseñando a Gabriel las sutilezas del idioma, traté de enmendar la plana y le dije:

- Ah ¿quieres saber lo que me dijo el señor? Pues “el señor” me dijo que...

Y me respondió:

- No papi, no el señor, el “calajo”, ¿qué te dijo el “calajo”? :)

Mejor no lo compramos.

Gabriel y yo esperábamos el bus en una tarde de primavera que se había puesto muy fría. Y los buses en Milton Keynes no son precisamente los que le dieron fama a la puntualidad británica.

Cansado de esperar, Gabriel se quejaba del frío y yo inicié esta conversación:

- Bueno Gabriel, a mí también me fastidia tener que esperar. Pero, ¿sabes qué?, a lo mejor dentro de algún tiempo nos compramos un carro.

- ¿Y por qué no lo compramos ahora?

- Pues porque cuestan mucho dinero y hay que escogerlos muy bien. Además tenemos que ahorrar para poder comprarlo.

Tras un ratito de silencio, Gabriel preguntó:

- ¿Y si compramos un carro, gastaremos nuestro dinero?

- Pues sí, gastaremos parte de nuestro dinero.

- ¿Y tendrás que trabajar más para ganar más dinero?

- Bueno, pues sí.

- ¿Y entonces no podrás venir temprano a la casa?

Y antes de que yo pudiera contestar su última pregunta, Gabriel concluyó:

- Entonces mejor no compremos un carro. Vamos a esperar el autobús... ( Sniff!)

Buenas pregunta.

- Papi, ¿por qué si los carros son tan útiles, cuestan tanto dinero?

Gabriel el paleontólogo.

Casi siempre Gabriel y yo somos los primeros en levantarnos. Y usualmente conversamos mientras le preparo el desayuno. Un día la conversación se inició con una pregunta:

-Papi, si los dinosaurios se extinguieron antes de que existieran los humanos, ¿cómo podemos saber que existieron y saber cómo eran? (Les recuerdo que Gabriel aún no tiene 5 años)

Tras reponerme de la sorpresa, le expliqué que a través de los huesos y de los fósiles era posible saber que existieron los dinosaurios y tener una buena idea de cómo eran. Las preguntas siguieron:

-Pero si conseguimos los huesos de un dinosaurio, ¿cómo sabemos a que tipo de dinosaurio pertenecían?

Entonces le expliqué que existían científicos, los paleontólogos, que se dedicaban a clasificar los dinosaurios y que publicaban sus descubrimientos en libros y en “la computadora” (es decir, en Internet). Y más preguntas:

-Ajá, pero ¿qué pasa si se trata de un dinosaurio nuevo, que nadie ha descubierto? ¿cómo sabremos como se llamaba?

Asumiendo mi rol de “padre motivador” le dije que una de las cosas buenas de ser paleontólogo es que podría ponerle el nombre que quisiera a los dinosaurios que descubriese. Por ejemplo, el Gabrielsaurus. :-) . Se quedó pensando un rato en el asunto y me dijo:

-Bueno, pero tendré que ponerle un nombre en inglés y en español, para que toda la gente lo entienda. :-) .

A partir de ese día ha decidido ser maestro en la mañana, para enseñarle cosas a otros niños, arquitecto en las tardes, para diseñar casas, puentes y edificios y paleontólogo en la noche. ¿Qué les parece?

Citando a otros autores.

Después de haber sido un niño que comía de todo, Gabriel atraviesa por una etapa en la que sólo quiere comer pastas, pizzas, pan y hamburguesas. Un día vimos en la tele un programa sobre la obesidad e insistimos en que lo viera con nosotros para que entendiera por qué nuestro cuerpo necesita una dieta balanceada.

En el programa Gabriel aprendió que es necesaria una dieta balanceada que incluya proteínas, carbohidratos, vitaminas, etc.

Aprendió tan bien, que al día siguiente cuando llegué a casa, vino a recibirme trayendo uno de sus libros y me dijo:

- Mira papi, este libro dice que los chocolates son una buena fuente de vitaminas y magnesio, así que necesitaré comer MUCHO chocolate. :-)

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